Taller Libre de Proyecto Social

Cómo hacer que la máquina de habitar sea accesible a todos. Bidinost, Germani, Jáuregui.

Como hacer que la maquina de habitar sea accesible a todos.
“Revista Reflexiones”, Año 1- N_4- Agosto 1997, La Plata.
Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires. Distrito 1

Barrios que se construyeron lejos de las ciudades, monoblocks que se transforman en guetos, las villas se solidifican en los cinturones urbanos como un tejido caotico repleto de diferentes servicios y problemas ambientales.
Hasta donde la arquitectura y los arquitectos se encargan de la pobreza?
Qué hace el estado para que la vivienda sea accesible a estos sectores?
Osvaldo Bidinost, Roberto Germani, y Uriel Jauregui intentarón responder estas preguntas y se plantean otros temas que exploran la relación entre los arquitectos y la pobreza.

“La pobreza es un dato esencial de la realidad de nuestro tiempo. Si el valor de la arquitectura está dado por la riqueza en su relación con la realidad, el tema arquitectura y pobreza no es un tema nuevo. Porque la gran mayoría del género humano vive en pobreza y no en la riqueza, de manera que si la arquitectura es la transformación de la naturaleza en beneficio del hombre, como cualquier otro hecho productivo, que en este caso tiene dentro del género humano, se tendría que hacer en primer lugar y antes que nada, en beneficio de los pobres”, sentencia el arquitecto Osvaldo Bidinost ante la pregunta: les interesa a los arquitectos diseñar viviendas para pobres?

“Decir que a “los arquitectos” nos interesa, es una generalidad. Yo puedo decir que nosotros, en el estudio, en la Facultad, en el Colegio de Arquitectos, siempre participamos en concursos que toman el problema de la vivienda social. Por otra parte en la cátedra nosotros permanentemente trabajamos sobre este tema”, Roberto Germani.
Por su parte, Uriel Jauregui responde: “No se pueden diseñar viviendas para los pobres porque no se producen viviendas para los pobres. En general, los planes de las llamadas viviendas de interés social, no son para los pobres porque los pobres no pueden pagarlas. Cómo se provee de vivienda a la gente que no tiene capacidad de adquisición, aunque esté entre los derechos básicos? Creo que es una responsabilidad que la tiene que tomar el Estado, al igual que la salud, la educación y la justicia”.
En este punto, los tres arquitectos plantean su primera coincidencia.

“Si la vivienda no está integrada a un plan de desarrollo general, por si sola, no se puede resolver. Si no hay un plan de país en su conjunto, el déficit de vivienda no se puede abarcar. Porque la vivienda está relacionada con un sector productivo muy amplio y si ese sector está absolutamente librado a la economía de mercado, no hay solución para la vivienda, porque ya sabemos quien puede demandar vivienda”, asegura Jauregui, para quien la cuestión pasa también por aplicar la lógica: el déficit de viviendas ronda los 3 millones y las tecnologías de construcción en uso y sus costos, hacen imposible resolver el déficit. “Una de las responsabilidades fundamentales que tiene la Universidad y el Estado es poder llegar a crear tecnologías que sean capaces de resolver el problema, lo cual no es nada fácil, porque implica una tarea de investigación e innovación tecnológica muy grande”, dice el especialista.

Pero, les interesa a los arquitectos diseñar viviendas para los pobres?
En opinión de Bidinost existen dos clases de arquitectos a los que les puede interesar: “hay dos vertientes desde las cuales esto puede interesar. Una es la de participar en algo que tenga valor social. Sentir que se está haciendo algo por los demás. La otra sería la que mueve a las empresas: construir y ganar dinero. Los arquitectos tienen estas dos vertientes y a veces se mezclan. Es legÌtimo que el arquitecto trate de obtener ganancia y vivir de su trabajo, pero esto tiene un tope dado por la conciencia que cada uno tenga de su función social. Si el arquitecto es un inconsciente en su función social, obviamente esto es un negocio y nada más”.

Es por eso, que Bidinost propone una “arquitectura de la sobriedad” en la que cada ladrillo es usado con el máximo de beneficio, donde la relación dinero-valor de uso, llega al máximo de sobriedad y de eficiencia. “Sin embargo esto no fue así: el costo de las obras que se han presentado no puede ser atribuido en forma directa y clara a los valores de uso que el proyecto ofrece- dice Bidinost.
Gran parte del costo es absorbido por elementos puramente decorativos y por elementos que corresponden a la decisión polÌtica de segregar a la gente, que viene desde arriba, pero que los arquitectos no tratan de revertir. Por ejemplo se aíslan casitas individuales cuando eso es muy costoso y no trata de hacer cosas en términos más sociales. Los arquitectos en general han puesto tantas casitas individuales como les han pedido y si los dejan ponen más. No hay una actitud de la profesión frente a la vivienda popular”.

Germani parece apoyar esta observación: “cuando se trata de viviendas que de alguna forma tienen financiamiento subsidiado, generalmente se opta por ubicarlas en terrenos extramuros, sin equipamiento. Hacen barrios que son guetos, que no cuentan con servicios o elementos básicos. Además esas soluciones terminan siendo carísimas: hay mala respuesta de vivienda, la infraestructura es muy cara y genera un costo enorme principalmente por el transporte, que además por lo general, tiene mal servicio”.

Y proyectando una solución, Germani pone como ejemplo a La Plata que alrededor de su casco fundacional tiene “amplias zonas de tejido urbano muy blando, con muchos vacíos que se convierten en lugares factibles de realizar planes de vivienda que posibiliten una buena densificación, una racionalidad en la respuesta constructiva”.

Para Bidinost, el “vigilar y castigar” en las viviendas para pobres se planea elaboradamente. “Por ejemplo -dice- el Banco Hipotecario Nacional, asegura que en los barrios que se hacían no se incluían espacios para uso social, porque el dinero apenas alcanzaba para las casas y que no habÌa que dejar a la gente sin casa, por hacer estos espacios.
En la Facultad de Arquitectura de Córdoba hicimos un trabajo que analizaba los barrios realizados entre 1964 y 1974 y concluimos que si todas las viviendas que se hubieran hecho se disminuÌan en 2 metros cuadrados, cosa que seguramente empeora una vivienda pequeña, se podÌa hacer un centro social para esos barrios que hubiera mejorado la vida de esa gente en mucho más que el daño de los dos metros. Esto también muestra que el Estado no hace un centro social, un centro de encuentro, en este tipo de emprendimientos porque no quiere que la gente se reúna. Es muy simple”.

Pero mas allá de la racionalidad constructiva, ¿cómo deberían ser estas viviendas?
Bidinost se remite a Le Corbusier: “muchas veces se hacen casas para pobres que son caricaturas de la de los ricos. Le Corbusier debe tener una medalla muy particular porque fue uno de los primeros hombres que pensó en una vivienda obrera, para gente pobre, que no era un achicamiento de la vivienda del dueño de la fabrica. Era otra manera de vivir, de pensar la vida. Suprimir las cajitas de las diversas funciones separadas. No son casas mas chicas, es otra manera de vivir. Los pobres son distintos a los ricos, cuando se quiere alienarlos se le meten los símbolos del otro lado”.

Y Jáuregui coincide y lo explica sintéticamente: “Lo que se ha hecho hasta ahora en esta temática son viviendas para la clase media degradada”.

“Lo que no está claro es el establecimiento de las necesidades reales -asegura Jauregui.
La “máquina de habitar”, no esta estudiada cientÌficamente, despojada de toda carga cultural” Y no caben dudas, el establecer cientÌficamente el nivel de necesidad es todo un desafÌo ya que la vivienda tiene una carga cultural tremenda.
Jaúregui ejemplifica. “Cualquier vivienda de clase media tiene una expresión clásica: ladrillo a la vista y tejas. Este no es exclusivamente un problema de racionalidad constructiva, sino que tiene toda una carga cultural de afecto, de significación de poder, de figuración. Es por eso que hay que despojar a la vivienda al hacer el estudio de sus necesidades reales, para conocer cientÌficamente el nivel de prestación que tiene la vivienda”.

Germani tiene una interesante experiencia para aportar: “fue cuando ganamos el concurso para el área centro de Santiago de Chile. Para nosotros fue una experiencia lamentablemente corta, porque vino el golpe militar de Pinochet que cortó todo. Pero trabajamos en buscar soluciones a la radicación de toda la población en barrios altamente equipados. Paralelamente a ello tambiÈn se buscaba que la gente participara de esas alternativas. Por ejemplo, el problema era qée los chilenos tomasen y aceptasen la vivienda en altura, única forma de lograr una densidad que genere muy buenos equipamientos. Se hizo una campaña de afiches que decÌan: “vamos para arriba” y esa campaña estaba acompañada por debates y cada vez que se generaba un barrio nuevo, se invitaba a la población a conocerlo, se hacían discusiones con los chicos en la escuela, se generaba participación. Porque el tema de la participación hace a una respuesta cultural de quienes van a habitar esos lugares, para que los sientan como propios”.

Y Germani pone el acento en la participación ya que asegura que hay que tener en cuenta que por lo general, “cuando a un habitante de la villa se le dice que va a vivir en un bloque, desconfía. Piensa que al menos, donde está, tiene su pedazo de tierra. Y esto es porque lo que le pasó es que generalmente se tendió a erradicarlo no a radicarlo. Lo sacaron de un lugar para llevarlo extramuros. La cuestión pasa entonces por hacer el camino inverso: mostrarle la solución, hacerlo participar y mostrarle una nueva opción de hábitat distinto”.
Al menos, existe una preocupación teórica entre los arquitectos para resolver estos problemas?

“Entre los arquitectos no, pero entre algunos arquitectos si -dispara Jaúregui. No es una cosa muy generalizada, porque el arquitecto está capacitado para resolver algunos de los problemas de la arquitectura y en general, siempre se orientaron a resolver los problemas de la gente que tiene poder adquisitivo. El sistema de construcción tradicional esta orientado para determinado sector de la sociedad”.

“Nunca escuche una discusión académica en estos términos- dice Bidinost. Y cuando hable en términos parecidos, en mesas redondas la cosa fue muy clara: habÌa un sector minoritario que mostraba simpatÌa por estos temas, pero también, habÌa un gran rechazo, más propio de un empresario que de un arquitecto, que dice que la arquitectura ni siquiera tiene el dinero para actuar, que esto es utopismo, etc. Esto es falso, porque tiene un punto de partida que es la ganancia, que no tiene que ver con la arquitectura”.

Para Germani, esta es una temática permanente en los talleres de la Facultad, en las charlas del Colegio. ” La cuestión es que en la Facultad se trabaja sobre realidades posibles, pero eso no significa que esas realidades sean las que después ocurran. Normalmente ocurre que los intereses o los momentos polÌticos o las falencias de los dirigentes o las polÌticas con el sesgo que van tomando, se alejan de estas soluciones. Creo que nosotros, los arquitectos, igualmente tenemos que generar alternativas”

“Hace falta tener otra formación profesional”, asegura Uriel Jaúregui insistiendo en que 1 problema pasa porque hay que medir realmente las prestaciones de las viviendas para pobres, “porque por lo general, lo que se hace es reducir la prestación de una vivienda para alguien que tiene mayor poder adquisitivo. Eso es lo que hicieron los planes de vivienda: bajar los estándares”.

Bidinost insiste con un largo razonamiento: “si es cierto que la arquitectura tiene como objetivo el mejorar la vida de los hombres, está claro que este problema de la vivienda de la pobreza es capital. El tema es en qué momento planteamos esto. Entre guerras, aparece la etapa de la reestructuración de la industria, que convierte al obrero en consumidor de su propio producto.
La industria, además necesitaba, un obrero más capacitado, manejador de máquinas y coordinador de la fábrica.
Por ese entonces se crea una relación distinta con la pobreza. Si una sociedad tiene una gran producción de riqueza social puede llegar a que la vida en la pobreza mejore. Ahora con la robotización no hace falta un obrero que maneje la m•quina. Bajá la producción de riqueza social, lo que se produce tiene más de sÌmbolo que de valor de uso, los pobres no tienen lugar, al contrario son tan marginados que llega a niveles terribles de crueldad. No es fácil decir qué es lo que se puede hacer desde la arquitectura. Pero una de las cosas es tratar desde la docencia, de realizar una introducción humanista en los estudiantes, ni bien empiezan a estudiar arquitectura. Si seguimos produciendo en las universidades sobre esos dos falsos ejes que son la cultura y el arte, este tema de los pobres será olvidado. La cultura y el arte no son más ejes válidos para analizar a la cultura y al hombre: están tan torcidos por el poder, tan enredados por el dinero que no significa ya nada. Entonces, una reestructuración de todo esto sería importantÌsima, por lo menos en el campo de las ideas. La potencialidad de un arquitecto de actuar sobre su sociedad es enorme, la capacidad real hoy en el periodo postindustrial es muy pequeñaa. Pero va a terminar algún día y para entonces hay que estar preparados”.