Taller Libre de Proyecto Social

El aprendizaje de la Arquitectura- La Facultad de Arquitectura y el plan de estudios. O. Bidinost.

Difundimos un texto elaborado por el Arq. Bidinost – profesor en ese momento de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la Plata – en el que sus reflexiones orientan acerca de como pensar las “reformas de los planes de estudio”, que recurrentemente se plantean en nuestras facultades.

La Facultad de Arquitectura y el Plan de Estudios.
“Revista Taller”, Año 1- N°2. Noviembre 1986, La Plata.
Centro de Estudiantes de Arquitectura FAU. UNLP, Osvaldo Bidinost.

En este momento se habla, en las Facultades de Arquitectura de las Universidades Nacionales del País de establecer nuevos planes de estudio. ¿Cómo debemos participar? ¿Cómo pensar un Plan? ¿Nace en las materias? o termina en ellas? ¿Y la realidad? Estas y muchas otras preguntas surgen hoy ante el estudiante que pretende penetrar el tema.

COMO PENSAR EL PLAN DE ESTUDIOS
En general, como ocurre habitualmente en las decisiones que hacen a la educación, los planes son expuestos como transformaciones (modernizaciones?) al Plan existente, y no se enuncian los objetivos últimos a los que el Plan tiende.
En nuestro caso, esos objetivos últimos serían, primordialmente, el definir:
1. ¿Qué clase de arquitecto queremos formar?
2. ¿Para que actúe de qué manera y con qué objetivos, en un país futuro?
Esta clase de objetivos primeros, pueden ser pensados y definidos por cualquier estudiante con preocupación por su futuro y el de su País. Cada uno debe hacerlo en el nivel de sus posibilidades, y la discusión producirá una definición colectiva del tema, superadora de las subjetividades individuales.
Esto nos da respuesta a una duda estudiantil frecuente, respecto a si un estudiante que no conoce los contenidos de todas las materias puede participar en la elaboración de un Plan de Estudios. No solo puede, ya que todo ser humano puede opinar sobre sus aspiraciones y su futuro, sino que debe hacerlo, ya que los estudiantes son quienes no están aún definidos como hombres y como arquitectos, y a ellos va dirigido el Plan (los docentes son hombres ya definidos).
Por otra parte, debemos rechazar la discusión del Plan basada en la definición puntual de materias, prácticas o conocimientos. Esas precisiones deben ser el paso final de un proceso de definición del Plan, y no pueden ser su punto de partida (una “buena” definición puntual, puede ser muy mala cuando se definan los objetivos generales). El proceso para elaborar el Plan debe ir de lo general a lo particular.
Para transformar una realidad (en este caso la Facultad), debemos antes conocerla: a ella misma y a las realidades mayores que la engloban. Para transformar la Facultad debemos entenderla como formando parte de la Universidad Nacional, y a esta como parte del país. No podríamos plantear una parte sin tener una idea del todo, y del papel que en él juega la parte.
Además, carecería de sentido una transformación en la Facultad si ella no fuera coherente con las transformaciones deseadas para la Universidad y el País.

EL PAÍS
La realidad
La destrucción del aparato productivo, la no-reactivación del mismo, la profundización de la dependencia respecto a los países imperialistas, la enorme e impagable deuda externa, la desocupación, la baja constante en el nivel de vida, etc. son los conocidos términos de una realidad nacional profundamente deteriorada: una situación por todos conocida y por muchos sufrida.

La transformación
Se debe lograr:
1. Un desarrollo nacional independiente de los países imperialistas, que asegura una vida digna a todos los argentinos.
2. Una democracia realmente participativa, y no sólo tal en los anuncios oficiales.

LA UNIVERSIDAD NACIONAL
La realidad
La actual U.N. es la que sigue a la de la Dictadura, pero no es ya “la que la Dictadura nos dejó” La U.N. de hoy fue planeada y realizada por los “normalizadores”. Esos funcionarios, que la ley instituyó por 6 meses pero que actuaron 2 años, no se limitaron a tomar las medidas esenciales para que las U.N. entraran en “su normal funcionamiento democrático”, sino que fueron verdaderos interventores, y su tarea consistió en realizar la U.N. del alfonsinismo, la que hoy tenemos.
Esa es la U.N. que corresponde a una Argentina donde el Imperialismo determinó el cierre de las fábricas y la agobiante deuda externa. Es la U.N. que corresponde a una Argentina que no necesita universitarios con capacidad productiva. La mayoría de los nuevos graduados está sin trabajo: son hombres cuya capacidad de hacer no es requerida por la sociedad.
La hipertrofia universitaria, es hoy la expresión de una falta de objetivo cierto de nuestra juventud. La discusión entre “ingreso irrestricto” y “control de ingresos” es solo un falso eje de discusión. La única solución real del problema está en un desarrollo argentino que asegure posibilidades reales de trabajo y vida a los jóvenes.
Nuestra U.N. es ciega y cada vez más ajena a la realidad; sigue creciendo sin medida ni objeto, y marcha por una situación de crisis permanente, sin solución visible. Esta U.N. es “mansa”, y “no trae problemas” al gobierno, por eso es también una universidad incapaz de comprender la realidad para transformarla. Es una universidad muerta.

La transformación
Para revertir la situación presente, la U.N. debe restablecer una realidad clara con la actividad esencial de la sociedad en que está inserta: la producción.
A. Preparando individuos capaces de planear y llevar adelante una producción de interés nacional (útil a los 30.000.000de argentinos)
B. Participando directamente en la producción de rubros de particular interés nacional, o ajenos al interés empresario.
Para lograr esos objetivos, la U.N. debe formar hombres que sean profundos conocedores de la realidad nacional que deseen transformar.
La inserción de la U.N. en la producción, traería como consecuencia inevitable la producción de una cultura derivada de la actividad productora, la que reemplazaría a la cultura no-productiva y especulativa que hoy tenemos.

LA FACULTAD DE ARQUITECTURA
La realidad del plan
La F.A.U. es una secuencia de “materias” que se cursan en los seis años de la carrera. Esas “materias” no están orgánicamente relacionadas, y sus contenidos, por diversidad de enfoques ideológicos y por desconexión entre los respectivos campos, no son sumables en una unidad de conocimiento. El actual Plan es así solo una suma de conocimientos inconexos que no estructuran un hombre que además de tal es arquitecto, sino que producen un individuo solo receptor de información: un hombre que no usa esencialmente su razonamiento sino su memoria. Un hombre informado pero no formado.

La transformación del plan.
Debe ser un Plan que surja de un extenso debate de todos los sectores, con esencial participación estudiantil, ya que va dirigido a los estudiantes.
Debe tener claridad en sus objetivos profundos, y elasticidad en su estructura, de manera que pueda ir absorbiendo en el tiempo las transformaciones que el propio accionar del Plan vaya mostrando como deseables. Un Plan rígido y terminado no puede ser un buen Plan, ya que es imposible prever las necesidades y conocimientos que el accionar del nuevo Plan generará.
Debe definir esencialmente al hombre arquitecto que se quiere formar y el tipo y objetivo de la arquitectura que de él se espera: ambas definiciones solo son posibles en relación con las definiciones de Universidad y de País.

La realidad del objetivo esencial
La F.A.U. tiene hoy un objetivo incierto, no definido. Se mezclan en ella: intentos oportunistas de “enseñar a los jóvenes como rebuscársela” (usar el título, no producir sino para especular), transmisiones de la moda arquitectónica de turno que nos dicta el imperialismo consumista, planteos esteticistas y tecnicistas, y también algún raro intento de enseñar correctamente.

La transformación del objetivo esencial.
La F.A.U. debe tener por objetivo la formación de hombres-arquitectos, capaces de crear y realizar materialmente los espacios productivos, sociales y culturales de nuestra sociedad, en una perspectiva de liberación nacional y social.
La realidad- El arquitecto a formar.
El conocimiento fraccionado, memorístico e inconexo que la F.A.U. imparte, no produce hombres ni arquitectos.
Forma hombres “anoticiados” que dependen de un “aggiornamento” periódico de información, ya que no poseen una estructura cultural-cognoscitiva propia, y por ello no pueden elaborar conocimiento a partir de la realidad cambiante. Ante los cambios, sus “conocimientos” memorísticos no tienen respuesta.
Esta clase de hombres pueden ser útiles a la Empresa, que los “recarga” periódicamente con el anoticiamiento de sus intereses, pero no serán nunca útiles al País. Nunca podrán interpretar la realidad nacional y transformarla, mediante sus obras, en algo favorable para los 30.000.000 de argentinos. La dependencia del imperialismo se apoya en la dependencia de cada hombre.

La transformación. El arquitecto a formar
La F.A.U. debe formar un hombre conocedor del mundo que lo rodea. De manera particular de su mundo inmediato, pero también de todo el mundo.
Si tal condición no se cumpliera, la F. A.U. formaría un especialista cerrado en su campo específico, y tal hombre no podría desde allí entender el mundo que lo rodea para poder modificarlo (y esa es su tarea).
Un arquitecto debe ser un hombre formado, con una estructura cultural, económica, psíquica, etc. definida. Ese hombre captará selectivamente la información existente: la sumará en su estructura, con los conocimientos que extrae de la realidad mediante la práctica.
Un arquitecto debe ser un creador, es decir un hombre que responda creativamente ante cualquier problema nuevo.
Un arquitecto debe ser por encima de todo un individuo capaz de pensar libremente (sin dependencias).
La realidad en la investigación.
Hoy se investiga lo que no interesa, y se olvida lo que sería importante investigar. Se investigan temas académicos, absolutamente puntuales y que se agotan en ta escritura y posterior archivo de las conclusiones de la investigación.
Una investigación consiste en “investigar para. . . ” Ese “para. . .” define un objetivo y una manera de investigar (y una ideología y una cultura). No se puede definir una manera de investigar sin tener un objetivo.
La investigación sin un objetivo productivo no sirve para nada: es solo un rótulo que usan quienes “viven de la investigación, es decir aquellos que no la usan como un medio sino como un fin (especular con el conocimiento y vivir de ello). La “investigación para. . . ” es una tarea dirigida al planeamiento de la producción de algo. Por ello define una ideología, que nace del para que, y también por ello produce verdadera cultura, ya que toda la cultura de la humanidad ha sido acumulada en la permanente e histórica tarea de transformar la naturaleza en beneficio del hombre: la producción.
La F.A.U. gasta hoy dinero de su presupuesto en falsos “investigar por investigar”: eso debe terminar.
La transformación en la investigación.
Es imposible establecer el para que investigar, en una F.A.U. que no ha establecido para que forma los arquitectos. Esta consideración basta para detener las investigaciones en curso.
No obstante, la F.A.U., tiene una enorme tarea de investigación a realizar: el proceso de enseñanza debe pasar a ser simultáneamente un proceso de investigación.
Apenas salidos de la larga noche de la Dictadura, estamos en un País que no conocemos, en el que todo cambió y sigue cambiando sin que tengamos una comprensión objetiva del cambio, a pesar de tener conciencia de él. En esta realidad en transformación, no podemos seguir enseñando y aprendiendo como antes: es necesario investigar la enseñanza en relación a la realidad (que también debemos investigar). Nueva realidad implica nuevos objetivos de enseñanza, y esto implica nuevos métodos (los que fueron buenos antes, lo eran para una realidad y objetivos distintos a los de hoy).
Investigar la enseñanza misma (es decir investigar enseñando) es hoy el intento de hacer a esa enseñanza útil y necesaria a una nueva y distinta generación, que vive en un nuevo y distinto País, con objetivos nuevos y distintos a los de antes del 76.

La realidad de la enseñanza.
Los cursos masivos que caracterizan hoy a la F.A. U. son encarados con los mismos métodos que se empleaban cuando había pocos alumnos. Un claro ejemplo de esto lo dan los Talleres, donde la relación entre el alumno y el profesor ha desaparecido. En realidad, el profesor es el ayudante (con todos los problemas que de ello derivan: de nivel, de descoordinación, de ideología, etc.).
La idea hoy vigente en la F.A. U. respecto a la enseñanza, establece que se trata de un sistema por medio del cual un profesor, que tiene mucho conocimiento, lo transmite a los alumnos, que tienen un conocimiento muy escaso. Así, el enseñar es un hecho mensurable cuantitativamente, y el aprobar materias o cursos es también el resultado de haber acumulado la cantidad prevista de conocimiento.
Todo esto, por ser absolutamente antiformativo, debe ser suprimido en la F.A.U.

La transformación de la enseñanza.
La enseñanza, para lograr un arquitecto creativo y capaz de pensar por sí mismo, tiene que suprimir los autoritarismos y paternalismo que hoy la caracterizan, y que hacen al estudiante un ser dependiente de su docente.
La práctica que permite a estudiantes y docentes integrarse en un objetivo común de conocimiento, es el intelectual colectivo. Es el camino para la obtención del conocimiento, superando la subjetividad individual y mediante una práctica que permita a cada uno pensar libremente, sin dependencias.
La enseñanza universitaria no tiene como objetivo esencial la transmisión de conocimiento (que por otra parte se logra ventajosamente en la biblioteca), si no el permitir definir a cada hombre las prácticas que le permitan crear conocimiento.
Más que a una preocupación por los conocimientos específicos, la atención debe dirigirse al “tejido conjuntivo” que los une y relaciona entre sí.
Debemos pensar a la F.A.U. como un lugar donde, ante todo, se enseñe a plantear y resolver problemas, y no como un lugar donde los alumnos inician un estudio predeterminado.
La realidad. La arquitectura que se enseña.
La F.A.U. imparte hoy (con pocas excepciones) una enseñanza de la arquitectura que implica la profundización de nuestra dependencia cultural respecto a los países metropolitanos.
Esas enseñanzas “a-ideológicas” y de la moda, implican la formación de arquitectos “decoradores de cualquier cosa” (sin responsabilidad social ni técnica).
En muchos talleres se da la reaccionaria práctica de querer solucionar los problemas de hoy con las soluciones de ayer (apropiación de formas del pasado). Se ha hecho del dibujo un objetivo en sí mismo (y no un medio para expresar un plan de producción de una arquitectura).
La transformación. La arquitectura que se enseña.
Se debe enseñar una arquitectura con sentido nacional, útil a todos los argentinos: construida (pensada como tal, no como dibujo) de bajo costo social, simple en su forma, profunda en su planteo transformador de la realidad. con poesía y mensaje que llegue a todos los argentinos con tecnología argentina standard, democrática (usable por el mayor número posible de argentinos), sostenida por una estética esencialista.(que debe ser creada).

La realidad. La técnica
Es transmitida como una receta a reproducir. La solución técnica se elige dentro de un stock de soluciones existentes. Se presenta a la técnica como un hecho a-ideológico.
La transformación. La técnica
La técnica debe ser creada en cada oportunidad en que sea requerida. Esa creación se logrará apoyándose en las experiencias creativas anteriormente adquiridas.
La técnica es siempre ideológica, ya que el como transformar y el para que transformar son definiciones ideológicas.

Método. Realidad
La dictadura dejó “establecida” la idea de que todo lo que se quiere hacer tiene un método pre-establecido.
Esa es una falsedad que tiene como objeto crear dependencia (respecto a quien “tiene los métodos”), y también evitar que se analice la realidad para definir un método.
Método. Transformación.
El método es la generalización de la experiencia lograda para conseguir un fin dado.
El método para hacer algo es una determinación creativa que se apoya en prácticas semejantes adquiridas anteriormente

Realidad. Gobierno y convivencia democrática
La actual estructura organizativa y de gobierno de la F.A.U. declara ser democrática y participativa.
Existe actualmente libertad de pensamiento, que se traduce en que nadie es perseguido o agredido por sus ideas.

Transformación. Gobierno y convivencia democrática
La democracia participativa debe ser efectiva. Ello se logrará no solo por la observación real de lo estatuido por la F.A.U., sino, y de manera esencial, por la práctica concreta de los estudiantes interviniendo y proponiendo.
Se debe rechazar la actual \ limitada interpretación acerca de la convivencia democrática, y entenderla en cambio como el derecho de cada estudiante a producir y desarrollar sus conocimientos de arquitectura desde su posición ideológica.
Ese derecho fue parcialmente reconocido al crearse los Talleres; hoy debe ser llevado a todo el conocimiento que la F.A.U. genera.

Realidad. El estudiante
Es hoy un joven fuertemente angustiado por la contradicción, tener que esforzarse para tener un título, y no saber como podrá subsistir.
No es un joven “metido” en la F.A.U. (como ocurría en los años 60 y primeros 70): la F.A.U. no le da elementos válidos para su futuro, pero tampoco para su presente. Una cosa grave es saber que no habrá una posibilidad real de construir después de recibirse, pero mucho más grave es saber eso y además saber que si “llega a haber trabajo” uno va a ser un marginal de la producción porque no sabe producir (ni proyectar para producir). Recordemos que los estudiantes de hoy serán hombres aún útiles dentro de medio siglo, en una Argentina que esperamos desarrollada.

Transformación. El estudiante
No es ignorando el problema esencial de los estudiantes, ni “engañándolos piadosamente” como se van a resolver la angustia y el desinterés por la F.A.U.
Tampoco vale el “enseñar a rebuscársela” usando la patente de “hombre culto” que confiere el diploma.
La realidad objetiva País-Universidad-F.A.U.-alumno, debe ser objeto permanente de discusión por alumnos y docentes. Solo conociendo la verdad pueden los jóvenes hacerse un plan de vida: pueda que resulte un duro plan, pero será un plan real, factible (no angustioso, no enfermo) Los estudiantes deben ser formados como hombres aptos para planear la producción de arquitectos y dirigirla (no como especuladores del conocimiento).
Los jóvenes deben lograr en la F.A.U. la liberación de sus brazos y de sus mentes. Todo lo dicho constituye el cuerpo esencial de lo que debe ser discutido en primer término para crear un Plan de Estudios.
Una vez acordadas las ideas esenciales, vendrá la etapa de encontrar las formas ordenadoras y organizativas que permitan ser actuantes a las ideas.

Arq. Osvaldo Bidinost – 1986